sábado, 29 de septiembre de 2012

Igualdad en el Sistema Procesal



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Implícito con la dualidad se encuentra la igualdad. Resulta difícilmente concebible, y aceptable socialmente por la comunidad, un sistema procesal en el que una parte primer sobre otra. Por ello, máxime a estas alturas de la civilización, la igualdad procesal de los litigantes (reforzada, además, por la vigencia de dicho principio en los restantes ámbitos de la vida) constituye una exigencia tan evidente que casi no necesitaba argumentación a su favor. La misma esencia del proceso, como medio de solución de un conflicto, requiere que las partes que constituyen su núcleo fundamental disfruten de una similar posición a lo largo de su decurso.

La igualdad se ha de respetar en todos los momentos y etapas procesales, sin excepción, siempre que ello sea posible y no afecte a la misma seguridad o existencia del proceso (por ejemplo, en el proceso penal se contempla alguna restricción en lo relativo al secreto de la instrucción). Desde la declaración hasta la ejecución, pasando, en su caso, por la adopción de medidas cautelares, en toda instancia y orden jurisdiccional, las partes han de gozar de las mismas posibilidades de derechos, obligaciones, expectativas y cargas.

La Constitución proclama, sin distinción, el principio de igualdad (artículos 1.1 y 14). Además, como destacamos anteriormente, se reconoce el derecho de todas las personas a un proceso con todas las garantías, entre las que se encuentra, evidentemente, la igualdad de las partes (artículo 24.2).

Fuente:
Introducción al Derecho procesal - José Martín Ostos