lunes, 8 de octubre de 2012

Principio de impulso



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El proceso avanza de oficio, sin necesidad de que las partes lo insten, siendo, generalmente, los plazos improrrogables. Como instrumento estatal para la resolución de controversias, no puede dejarse su impulso a la libre disposición de los litigantes. Sin embargo, ha habido algún momento en nuestra historia (en la justicia civil) en que aquél se dejaba a las partes; incluso, hoy día no faltan países en que las corruptelas producen que el proceso camine a impulso particular, limitándose el órgano judicial a una actitud pasiva.

Principio de impulso en el tribunal

Si las partes no actúan, pierden o desaprovechan oportunidades de ejercer derechos, exigir obligaciones o levantar cargas, pero el proceso no se paraliza por su inactividad; de lo contrario, cabe imaginar fácilmente su hipotética paralización (por ejemplo; el demandado, en el proceso civil; con mayor razón, el imputado, en el penal).

- Principio de impulso y derecho constitucional a un proceso sin dilaciones indebidas


Este principio está relacionado con el derecho constitucional a un proceso sin dilaciones indebidas (artículo 24.2). En efecto, para que el instrumento estatal en cuestión se desarrolle conforme a lo dispuesto en la ley, siempre tendente a la tutela judicial efectiva del ciudadano, sin que sufra dilación indebida, ha de avanzar en sus previsiones de modo inexorable, desarrollándose etapa tras etapa, sin que la desidia o la pasividad intencionada de una parte produzca la quiebra de dicha finalidad.

Fuente:
Introducción al Derecho Procesal, José Martín Ostos.