jueves, 4 de octubre de 2012

Principio de oralidad y de escritura



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Son alternativos los principios de oralidad y escritura en cuanto a su significado, pero en modo alguno son excluyentes e incompatibles en su aplicación práctica; es más, suelen coexistir en diferente proporción en la regulación procesal en la mayoría de los países.

Oralidad y escritura en juicio

- Los principios de oralidad y escritura en la historia


Resulta patente la relación de su vigencia con las circunstancias históricas. En los procesos más primitivos (sin textos escritos y con modelos sociales muy sencillos), predominó el principio de oralidad. Más tarde, conforme la vida social se hizo más compleja y la comunidad mejoró su organización, el principio de escritura llegó a alcanzar un papel privilegiado. Sin embargo, en la actualidad se observa un cierto retorno a la oralidad, que se puede explicar como reacción ante la exagerada presencia de su principio contrario (así, por ejemplo, en nuestro país el artículo 120.2 de la Constitución Española). Una vez más, el péndulo de la historia se manifiesta en el desarrollo del proceso.

- El predominio de la oralidad, consecuencia de la vigencia de otros principios en el procedimiento


Su predominio produce como consecuencia la vigencia de otros principios en el procedimiento; de este modo, la inmediación, la publicidad y la concentración se encuentran muy vinculados al diseño mayoritario de un proceso oral.

- Justicia y adecuación de estos dos principios


Naturalmente, cabe preguntarse cuál de los dos es más adecuado y, en suma, preferible para una acertada justicia. La respuesta no es fácil, aunque sí se pueden efectuar algunas observaciones. Una de ellas es el carácter efímero y temporal de lo oral, frente a la seguridad y permanencia del texto escrito; como dice el aforismo: verba volant, scripta manent (las palabras vuelan, lo escrito permanece). Para asuntos de cierta complejidad, tal vez, fuera más conveniente la escritura, al menos en algunos de sus momentos cruciales; sin embargo, para otro tipo de actuaciones sencillas (ésta sería otra característica a tener presente), sería idónea la forma oral. Por último, en determinadas actuaciones (por ejemplo, la declaración de un testigo) la oralidad presenta unas incuestionables ventajas en orden a su práctica y, especialmente, a su valoración, que no ofrece la escritura.

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Fuente:
Introducción al Derecho Procesal, José Martín Ostos.